Boletín Bibliográfico

La concepción del tiempo en la obra cronística del Canciller Ayala. Una reflexión sobre la imagen del tiempo en la Baja Edad Media

Autor  VALDALISO CASANOVA, Covadonga

Título  La concepción del tiempo en la obra cronística del Canciller Ayala. Una reflexión sobre la imagen del tiempo en la Baja Edad Media

Título revista/libro  Medievalismo

Año  2005

Volumen  15

Páginas  71-90

Resumen
Aproximación a la idea que se tenía en la Edad Media castellana sobre la historia, y en especial sobre el material con el que trabajaba el historiador, el tiempo. Además de la función didáctica del texto histórico, a través de su condición de ejemplaridad y su intención de preservar la memoria de lo acontecido, el relato de un cronista medieval encerraba los códigos de un universo mental que es el que se plantea estudiar la autora del trabajo. El análisis se centra en la Crónica del rey don Pedro de Pero López de Ayala, tomándola como ejemplo aplicable a otros textos, por tratarse de un texto de finales del siglo XIV cuyo concepto de materia historiográfica se aproxima a los textos del XIII pero que enlaza también con la historiografía del XV. Asimismo la elección de Ayala viene motivada por ser el primer historiador castellano que emplea la datación impuesta por Juan I. Todo documento historiográfico medieval contiene un discurso legitimador, y ese discurso condiciona la materia de tal manera que la sitúa en el presente en que fue registrada, creando una conexión entre dos tiempos distantes. Ayala da forma a una imagen del pasado que resultará definitiva de cara al futuro. La crónica bajo medieval es un testimonio escrito tras un proceso de sedimentación, y no un simple registro simultáneo a los hechos. El análisis de la crónica de Pedro I se centra en la versión vulgar, que fue redactada en el reinado de Juan II. Si bien el texto está narrando los acontecimientos que sucedieron en Castilla entre 1350 y 1369 -desde que Pedro I empezó a gobernar hasta que fue asesinado-, el escrito es de época trastámara; tanto su redacción como su recepción están demasiado ligadas a los años finales del siglo XIV. No es el relato de las acciones de Pedro I sino la justificación del regicidio, adscrita al proyecto político de la propaganda trastámara. El centro de la crónica es la muerte de Pedro I, todo el relato gira en torno a ese momento final, apuntado a través de profecías y presagios mucho antes de que tenga lugar en el relato. La historia nos indica que el rey, ser humano, murió en 1369, pero quizá Pedro I no murió del todo hasta que Ayala le dio muerte en la crónica, esto es, hasta que la rama legítima que perduraba en los descendientes del monarca, sus hijas con María de Padilla, se une a la rama trastámara con el matrimonio de Enrique III y Catalina de Lancaster. Fue probablemente cuando la crónica vio la luz. Pedro I pasó a ser historia, registrada, cuando las circunstancias derivadas de su muerte fueron zanjadas, cuando dejaron de tener actualidad o de servir como pretexto para nuevos enfrentamientos. Si se ignora todo esto carecemos de la perspectiva para comprender lo que se está narrando.

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